Futurama.

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Miró dos veces la marca sobre su ceja.
Una línea oblicua se exhibía sangrante y exacta sobre su rostro.
Esa noche se había soñado árbitro en una pelea de gatos.

Desde hace un tiempo el espejo del baño le revelaba
cada mañana algo nuevo.
Un descuido era suficiente para despertarse diferente.

Ese día bastó encontrar aquello,
para saber que cada sueño era una ventana al presente.


A veces vivimos las consecuencias de nuestros sueños en la realidad.

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